WASHINGTON - Schuyler Wight calcula que en su rancho de 14.000 acres del oeste de Texas hay más de cien pozos petrolíferos abandonados.
Muchos permanecen inactivos, pero algunos arrojan regularmente agua salobre desde miles de metros bajo tierra, contaminando los pozos de agua dulce y obligándole a conducir el agua 16 kilómetros a través de su propiedad para que su ganado tenga agua limpia para beber.
"El agua es tan mala que los vecinos no pueden ni bañarse en ella", dice Wight. "Cuando esa agua sube mata todo lo que hay alrededor. Durante generaciones esa tierra va a estar muerta".
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